Has llegado a ser mi vida.
Solamente unos ojos como aquellos eran capaces de dejarse ver con tanta claridad cuando la noche se había tragado ya todas las imágenes que aquel extraño día nos había permitido ver.
En aquella triste y a la vez bendita habitación, sus ojos iluminaban la más hermosa noche de placer, amor y deseo.
Su cuerpo desnudo, su piel sobre mi piel, las caricias que recorrían todo mi cuerpo llevándome al extremo mismo del placer, justo un paso antes de caer en la inconsciencia del éxtasis. Todo el amor trasmitido en cada una de sus caricias, en cada uno de sus besos, en cada roce de su boca, en cada diana de su mirada en mis ojos, todo ello hacía de ese instante una experiencia que quedaría para siempre grabada en ese lugar del alma donde quedan registradas para siempre estas cosas, en lo más profundo del alma, allí donde solamente llega nuestra mente, nuestro deseo, nuestras nostalgias.
Deseaba besarla, abrazarla, decirle cuánto la amaba, cuán grande era mi deseo, pero todas las caricias, todos los besos, todas las miradas, todas la palabras eran insuficientes para poder expresar algo tan profundo, se que lo he intentado muchas veces, tantas como vacío me había quedado después del intento por no encontrar el gesto necesario, la palabra adecuada, el beso que aleja todas las dudas.
Era tal la avalancha de amor que deseaba hacerle llegar que me sentía demasiado lejos de encontrar la forma de hacérselo entender. Mis intentos por llegar al fondo de su alma y decirle que lo mucho que significaba en mi vida, el sentido que le había dado, llegar a ese lugar del alma, ese rincón donde se guarda lo más hermoso de nuestras vidas. Yo quería llegar hasta ese rinconcito de su ser y con la llave de la nostalgia abrir su puerta y en el pequeño cajón de los placeres dejarle escrita mi nota donde le diga mi sentimiento y mis añoranzas.
En ese rincón del alma, situado muy cerquita del corazón (para que no se olvide de por quien late) tengo yo su imagen colgada de la suave pared aterciopelada, justamente frente a la puerta de entrada de mi alma, a la altura de la vista, de modo que sea la primera imagen que consiga ver cada vez que entro a repasar mis más hermosos momentos.
Hoy lo he visitado (como hago casi todos los días), he abierto la puerta y he visto su imagen. Mis labios no han podido retener el beso que mi corazón le mandó nada más verla, al tiempo que mi boca le dedicó un Te Quiero, mi corazón latía por ella y mi cuerpo se sintió inundado de placer, del placer que ella me proporcionaba.
Me quedé mirando su imagen durante un largo instante, el tiempo que mi alma me ha dejado a solas con ella. Me hizo compañía, le hice compañía. A su lado recordamos, los dos, aquellos momentos de amor intenso, cuando el placer era nuestra ley y sus ojos mi destino. Le hablé de aquellos ojos inolvidables, le conté que ellos seguían guiando mi destino, que hacia ellos camino día a día, ellos son mi destino, incluso más allá de la muerte, en la oscuridad de lo desconocido ellos son mi luz, más allá de mi propia muerte ellos seguirán habándome de amor.
Su sonrisa dibuja la cuna en la que mi corazón descansa, el lugar desde donde la pienso, donde la quiero, donde la deseo, donde la amo. Su recuerdo me canta una hermosa canción de cuna que me sumerge, de su mano, en el más bello sueño a su lado.
Yo también la sonreí, de hable de mi amor hacia ella, el giro que mi vida dio a su lado. Le hablé de mis anhelos, de mis besos debidos, del dolor de su ausencia, le mostré todas las cicatrices que su marcha había dejado en mi corazón, cada una de ellas con la forma de una lágrima, tantas como las derramadas sobre su recuerdo. Le prometí, como tantas veces le había hecho, amor eterno, que mis sentimientos continuaban inquebrantables hacia ella, Que mis debilidades no son sino mis propias inseguridades, que ella es mi fuerza, mi destino, mi luz. Por eso mi corazón la llama en cada latido, y mis pies caminan hacia el lugar donde la pude ver por última vez, allí donde mis ojos la buscan sin descanso, allí donde aún recuerdo su aroma y mi boca me recuerda la suavidad de sus labios y la ternura de sus besos.
Quise amarla, y conseguí hacerlo hasta la locura. Probablemente ella nunca lo llegue a saber, porque ¡es tan grande mi amor! Que no encuentro las palabras, el gesto, la caricia, el beso, la mirada que le haga comprender cuan grande es mi amor. Siento incluso que me falta vida para poder demostrárselo.
A estas alturas solamente se que la quiero, que la quise, que la amo y que así va a seguir siendo incluso más allá de mi propia existencia, e incluso de la de ella.
El sonido aterrador de la realidad me hizo salir de mi sueño, de ese rincón del alma donde llevaba un buen rato, me fui de allí, pero, antes de cerrar al puerta eché una última mirada a su imagen, a su recuerdo, le dí un último beso y me despedí con un último Te Quiero que sonó como una eterna promesa de una próxima visita. Cerré la puerta de mi alma con la vista puesta en su imagen, las lágrimas en mis ojos, un último beso en mis labios y de mi corazón latió un Te Amo.
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