AIDA
Estaba pensando que mi pequeña ya ha cumplido seis añazos, ya es toda una señorita. Este año termina en infantil y empieza la primaria, a partir de este momento empieza lo que podríamos llamar " la vida a prueba".
Aún recuerdo cuando andaba con los pañales y me tenía que agachar (cuando la espalda me lo permitía) para darle la mano. Su pequeña mano se escurría entre mis dedos, algo torpes, notaba su calor y sus pequeños dedos que me hacían mirarla con ternura a la vez que babeaba como un orgulloso padre.
Estos seis años han sido insustituibles y eso a pesar de mi poca paciencia que no me permite disfrutar de ella como se merece. Todos los días me levanto y pienso solamente por ver su sonrisa ha merecido la pena, pero también sus lágrimas me angustian, me llenan de tristeza y desasosiego. No quiero que sufra, pero se que va a sufrir, todos en esta vida sufrimos, de una forma o de otra pero nos va a tocar y le va a tocar.
A veces pienso ¿qué será de su vida?, la veo tan pequeña, tan indefensa, me gustaría que aprendiese muchas cosas y que las use para defenderse en esta vida. Yo creo mucho más en la razón que en la fuerza.
Me gustaría verla feliz, todo lo feliz que se puede ser en esta vida. Que tenga sus metas claras y que el fin no justifique sus medios. Que sepa poner las cosas en su sitio, pero que no a cualquier precio, que use la imaginación y las posibilidades que nos abre, que sea honesta consigo mismo.
Quiero que sea divierta, que lo pase bien, que viva con intensidad (pero también con responsabilidad) todas las etapas de la vida: la infancia, la niñez, la adolescencia, la juventud y la madurez. Que lo disfrute todas y cada una, que lo haga de forma limpia sin tener que llegar a los arrepentimientos.
Quiero que sepa que su padre la quiere como a nadie, que lo sienta, que esté orgullosa de mis esfuerzos para que sea feliz, de mis consejos bienintencionados, de mis risas a su lado, de mis lágrimas en sus sufrimientos, que me disculpe mi poca paciencia y mi forma gruñona de protestar por todo. Quiero que sepa que para mí ella es un ángel.
Quisiera que me sienta como un apoyo cuando algo en su vida la haga tropezar, que se sienta arropada cuando algo la deje fría, que mi recuerdo le seque sus lágrimas, que mi voz la calme y la haga sentirse protegida. Que mis fotos le arranquen una sonrisa.
Me gustaría que la vida no la trate mal, que esté contenta de vivir, que me recuerde como algo bueno en su vida como alguien que la quiso sin límites y puso toda su ilusión en su vida. Que tenga siempre presente las noches en las que le leía los cuentos antes de irse para la cama, esos juegos cuando hacíamos una cueva entre las sábanas, cuando jugábamos a las manos que hacen cosquillas, cuando llamábamos a la Reinona para escondernos de ella, cuando llegaba con "Dumbita" como compañera de juegos y yo le decía que la iba a tirar a la papelera. Que recuerde esas carcajadas que echábamos en la cama cuando jugábamos los viajes de "Dumbita" por el espacio y los planetas. Yo por mi parte le prometo llevar siempre conmigo su sonrisa en mi mente, como referencia en momentos bajos.
Quisiera que estos años no pasaran pero el derecho a crecer lo tenemos todos, mi princesa se hace mayor, pero siempre será parte de mí y de su mamá. La personita que nos ha dado "caña" en nuestra aburrida vida, la que nos ha sacado de la monotonía, con ella no hay tiempo para el aburrimiento.
En fin…, solamente quiero que sepa cuanto la quiero y que ella me quiera a mí.
Todos los días recuerdo cuando me dice: "Tú eres el mejor papi del mundo, eres mi papi pitufito y te quiero cien, sesenta, ochenta, noventa, cien, ochenta mil veces" y me pregunta ¿ a qué eso es mucho papá?.
Pues bien yo quiero decirte, como en el cuento de la liebre que te leía en la cama: YO TE QUIERO HASTA LA LUNA. Y VUELTA.
0 comentarios