LO PROMETIDO ES DEUDA
Había escrito algo y el animal de mí me lo he cargado sin ni siquiera guardarlo y ya se sabe, las grandes obras son irrepetibles, así que me dispongo a escribir una obra menor.
Esta tarde en la tertulia de los viernes con Toño y Juanjo además de mi señora Ana y la pequeña crea despistes de mi hija les comentaba a todos los placeres de la televisión culebrera. Esas series interminables en las que es posible que una cena dure semana y media y un embarazo más de dos generaciones. Pero son necesarios, nos crean un colesterol intelectual que se agradece, nos hace lubricar (con perdón) nuestras neuronas para prepararlas en nuestras sesudas interperetaciones de lo cotidiano que llegan a levantarnos dolor de cabeza.
De vez en cuando, y de forma controlada, es necesario asimilar situaciones facilonas y sin complicaciones de tramas intrigantes de profunda elaboración que terminan pareciéndose demasiado a la realidad.
No es necesario que todo sea razonable ni razonado, a veces hay que dejar la razón de lado y dejarse llevar por las corrientes cerebrales en una balsa de neuronas dormidas, disfrutar un poco del instante y cuando creamos llegado el momento ponernos a remar hacia la orilla que nos espera llena de conexiones dendríticas a las que no se escapa un solo detalle. Lo que se conoce como el ejercicio intelectual que nos llevará a ninguna parte, todo un derroche de intelectualidad exclusiva dentro de los márgenes establecidos y de lo cortesmente aceptable o asumible.
Juanjo y Toño, un culebrón bien dosificado de vez en cuando ayuda a realizar un descanso de esos de "volvemos en 30 minutos" en nustro intelecto diario. Es necesario usar el mando a distancia de nuestro cerebro alguna vez y desconectar de la trama que supone lo cotidiano y emerger en la realidad absurda de lo fácil y a la vez inmasticable.
Seguid mi consejo y veréis como en las tertulias de los viernes-tarde nos reimos aún más y podremos ver que la realidad puede ser aún más absurda.
CONTINUARÁ...
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felpeyin apollardao -