A LA MAR FUI A POR CEREZAS
¡¡ Pero bueno Isabel!! ¿se puede saber que me haces subida a ese cerezo? ¡¡pa habenos matao!!.
Isabel, tan perico como siempre… se ha tenido que subir al cerezo y lo que era previsible ha sucedido, se ha caído. Pero no nos equivoquemos, Isabel no se ha caído del guindo sino del cerezo así que sigue conservando esa inocencia que la distingue y la hace tan entrañable.
Se lo tenemos dicho ¡¡ cuidado con las alturas!! Pues nada, que si quieres arroz Catalina, que la chiquilla va y se nos sube al arbolito de marras, y claro está el trompicón fue de los que crean afición. Unas cuantas vértebras al carajo y la rubia desmelenada en el suelo con las manos llenas de cerezas que ya nunca llegaron a las insaciables bocas de sus compañeros que la esperaban salivando con el sabor a las cerezas de Ponferrada metido en el cuerpo creando una desazón que nos ponía, yo creo, hasta juguetones.
Todo era muy bonito hasta que una llamada de teléfono nos sacó de nuestro sueño loco, era Isabel que desde la cama de urgencias nos decía que las cerezas en Carrefour que ahora estaban de oferta, que por parte de ella íbamos a tardar en probarlas, ya que de aquí a que pudiese hacerlas llegar sólo les quedaría el rabo (con perdón) para limpiarnos los dientes.
Ha pasado el tiempo y la rubia se ha ido recuperando poquito a poquito y ya vuelve a tener la elasticidad de otros tiempos y las ganas de… bueno esas, la verdad, no las había perdido.
Ha ganado unos kilos y todos decimos que está más atractiva, que ya no parece la radiografía de un silbido, y ella se ríe y nos ilumina con su sonrisa. Pues es verdad, mejor así Isabel.
Pero todo tiene sus dos caras. Ahora que Isabel está totalmente recuperada dice que tiene la imperante necesidad de ir a un sex-shop, tiene que recuperar el tiempo perdido de tantas horas, días y meses en la cama con la única compañía de su corsé y sus interminables horas de postura panza arriba sin notar el peso de un hombre sobre su cálido cuerpo (me quedó bien de cojones ¿eh?) palabras casi textuales de ella. A lo que iba que el cuerpo le pide marcha y quiere probar los placeres de la tecnología puesta al servicio del sexo, introducirse (nunca mejor dicho) en el mundo de los consoladores, bolas chinas, el látex y los lubricantes íntimos. Pero Isabel ¡¡ por favor!! Si tu ya tienes un sex-apple suficiente como para recurrir a esto, y además pretendes, dicho sea de paso, despertar la inocencia casi exotérica de Fran llevándolo contigo al Carrefour del sexo y las perversiones íntimas, acaso no ves que su virginal cerebro nunca se ha sumergido en esos excitantes mundos de la electrónica de tanga y liguero.
Isabel, le puedes pervertir para toda la vida, puedes acabar haciendo de él una bestia del amor inutilizado para cosas que no pasen por la entrepierna, tú verás lo que haces pero sacar a una persona de su mundo para llevarlo a los oscuros salones del erotismo, sin hablarlo antes con sus padres no le veo yo mucha salsa. Recuerda que desde la insinuación de estrenar la cama de su Nissan está que no duerme, llega a trabajar con la excitación dibujada en su cara y una sonrisa un tanto extraña, propia de aquél que tiene la cabeza llena de sueños inconfesables.
Pero al fin y al cabo, quien leches me manda a mí meterme en estas cosas la vida es como es y el despertar al amor depende de las horas de sueño de cada cual.
Isabel y Fran, cuidaros mucho, formáis una estupenda pareja pero tenéis mucho peligro los dos juntos, la fogosidad de una junto a las más que seguras ganas del otro nos podemos reír de la bomba de Hiroshima, este estallido de amor nos puede llevar a todos por delante. Y todo por un cómprame ahí unas bolas chinas o ponle pila al consolador. Que Dios nos pille confesados porque este pecado no tiene fin.
Continuará en cuanto visiten la tienda del sexo. ¡¡ que emoción!!
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