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CALEYEROS EN MADREÑES

¿DÓNDE ESTÁN MIS VACACIONES?

¿DÓNDE ESTÁN MIS VACACIONES?

Pensando en el regreso de las vacaciones me doy cuenta de la cantidad de propósitos que no he cumplido. Creo que quitando el viaje de ida, el de vuelta y la visita a Cabárceno no he cumplido absolutamente nada de lo que me había prometido de forma solemne.

 

Hagamos un repaso: Por un lado me he artado de descansar de forma desordenada lo que equivale prácticamente a una jornada y media de trabajo. No he paseado prácticamente nada con lo cual mis grasas han ocupado más volumen de mi menudo cuerpo hasta el punto de ver, de manera preocupante como el cinturón del pantalón se queda sin agujeros, es como si del susto todos los agujeros echasen a correr hacia la parte trasera del cinturón. Pero no, no nos engañemos, realmente he vuelto a engordar. Tantas horas pensando como hacer para no hacer nada han tenido el resultado esperado: UNA HERMOSA Y ORONDA BARRIGA.

 

Tampoco todo va a ser negativo, también he comido helados que me habrán subido la diabetes hasta límites no imaginables para la ciencia, pero como no me la he mirado me cabe la duda. ¿Hay algo más hermoso que una duda? Sin duda.

 

¿Y la sombrilla? ¿Qué decir de la sombrilla?. Ese espectacular paraguas a modo de carpa de circo que me había comprado y que no he podido abrir nada más que para enseñarlo a la familia u que pudiesen comprobar mis progresos económico a partir de mis, cada vez mayores, posesiones.

 

Sol no hubo pero calor… para repartir, había pensado incluso en abrir y cerrar repetidamente mi inigualable sombrilla para darme aire.

 

Han pasado las vacaciones sin pena ni gloria, pero eso sí han terminado y aún no he decidido como perder el tiempo en vacaciones, creo que debo agilizar mi mente para pensar más deprisa, no es de recibo acumular años de vacaciones para decidir que quiero hacer en vacaciones.

 

La solución la tengo clara, las vacaciones laborales son escasas, no se nos puede pedir que en treinta días tomemos una decisión que nos va a afectar a las vacaciones de todo un año de trabajo remunerado, el Estatuto de los Trabajadores se ha quedado clarísimamente anticuado, ahora las necesidades son otras, la tecnología nos ha cambiado, nuestras decisiones deben estar más meditadas y eso requiere tiempo que no se puede, bajo ningún concepto, imputar al tiempo de vacaciones.

 

La imagen de Martínez Soria se me ha derrumbado, no he podido disfrutar de las bermudas con mocasines, la gorra, la camisa floreada, el sombrero de bacinilla y los niños, esos adorables chillones que siempre ocupan la parte de atrás, tanto en el coche como en la calle.

 

Como conclusión necesito unas vacaciones con periodo de reflexión digno de una personalidad como la mía llena de contradicciones de tipo contradictorio.

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